Being a woman in Madagascar

Ser mujer en Madagascar

El 92% del país vive con menos de dos dólares diarios. Según este porcentaje Madagascar es el país más pobre del planeta. En la última década, tras el golpe de estado del 2009 y cambio de presidente a Andry Rajoelina hasta 2014 y posteriormente reelegido en el 2019, el país se sumió en una grave crisis política de la que poco a poco ha podido salir. Su administración da mucha prioridad al desarrollo de las industrias extractivas de productos agrícolas, minerales y piedras preciosas a nivel nacional e internacional lo que aumentará la deforestación y agravará el cambio climático, grandes lastres para el país. Todo ello agrava la ya preocupante situación de las mujeres, a cuya situación económica se unen las dificultades de una brecha de género por encima de la media africana. Si bien la constitución malgache otorga igualdad de derechos a las mujeres, la realidad es bien distinta. Otro aspecto es el aumento de la prostitución. El turismo sexual está muy aceptado por las cadenas hoteleras, y centros de ocio. Además, la isla contiene la mayor beta de zafiros del mundo lo que genera un gran tráfico de dinero y demanda de sexo, especialmente en los asentamientos mineros. En este contexto, las hijas o esposas son para muchas familias una fuente de ingresos difícil de esquivar frente a la presión del hambre y de la connivencia social. Por si fuera poco, en las comunidades rurales pequeñas, también es muy frecuente el intercambio de sexo por dinero. Por último, dentro de las 18 etnias el país conviven tradiciones que dejan muy poco espacio para la libertad y el desarrollo de las mujeres. Un tercio han tenido hijos antes de los 19 años, y la tasa de mujeres abandonadas por sus maridos, sin haber un estudio pormenorizado, es muy alta.

Por fortuna según datos de UNICEF, la tasa de escolarización ha crecido en las dos últimas décadas hasta alcanzar el 96,7% lo que configura una esperanza para las generaciones futuras.

Being a Woman in Madagascar

92% of the country lives on less than two dollars a day. According to this percentage, Madagascar is the poorest country on the planet. In the last decade, after the 2009 coup d’état and the change of president to Andry Rajoelina until 2014 and subsequently re-elected in 2019, the country was plunged into a serious political crisis from which it has gradually been able to emerge. His administration gives high priority to the development of the extractive industries to produce and export agriculture, minerals and precious stones at the national and international level, which will increase deforestation and worsen climate change, great burdens for the country. All of this aggravates the already worrying situation of women, whose economic situation is compounded by the difficulties of a gender gap above the African average. Although the Malagasy constitution grants equal rights to women, the reality is quite different. Another aspect is the increase in prostitution. Sex tourism is widely accepted by hotel chains and leisure centers. In addition, the island contains the largest vein of sapphires in the world, which generates a large traffic of money and a high demand for sex trade. In this context, daughters or wives are for many families a source of income that is difficult to avoid in the face of the pressure of hunger and social collusion. To make the situation worse, in small rural communities, the exchange of sex for money is also very common. Finally, within the 18 ethnic groups in the country traditions coexist that leave very little space for the freedom and development of women. One third have had children before the age of 19, and the rate of women abandoned by their husbands, without a detailed study, is very high.

Fortunately, according to UNICEF data, the schooling rate has grown in the last two decades to reach 96.7%, which constitutes hope for future generations.